¿Agresividad en niños? ¿Desafiantes?, ¿Retadores?, ¿hiperactivos?

¿Agresividad en niños? ¿Desafiantes?, ¿Retadores?, ¿hiperactivos?

Posted by

El comportamiento desobediente, hostil y desafiante frente a figuras de autoridad se observa desde cada vez edades más tempranas.

Vives con la sensación de que tu hijo está constantemente retando, desafiando, agrediendo… educar sabemos que no es fácil. Realmente es muy difícil y en ocasiones puede ser agotador. Constantemente nos enredamos en cientos de preguntas sobre si lo estoy haciendo bien, como debo hacerlo, como puedo mejorarlo, porque me está ocurriendo esto, que he hecho mal…y así vamos generando un halo de culpabilidad, estrés y presión en nosotros mismos que lo único que genera es mayor ansiedad con lo que el ambiente familiar se tensa, incluyendo la relación con el hijo.

La agresividad en niños, comportamientos disruptivos, ,inquietos, activos, en movimiento constante. Niños que constantemente saltan las normas socialmente establecidas. Te retan hasta límites insospechados. Son capaces de crear un gran desorden sea en el colegio, en casa o donde estéis. Rompe, destruye, empuja, amenaza…carece de habilidades sociales para relacionarse con el resto de personas de modo natural y sano. Y su único mecanismo de hacerlo es a través de la agresividad física o verbal.

Sabemos que no son situaciones fáciles y agotan hasta la persona más paciente del mundo. Tampoco existen culpables ni pócimas mágicas que cambien la convivencia de un día a otro. Pero si hay pautas que ayudan.
Como todo, dependerá de muchos factores: edad, círculo de referencia, entorno familiar, capacidad para modificar acciones, normas, límites…factores biológicos, familiares, sociales, medioambientales.

Los niños son siempre desobedientes y eso no podemos pretender cambiarlo, sin embargo nos estamos encontrando a niños desde los 4 años que comienzan a desarrollar comportamientos disruptivos, violentos o agresivos enfrentándose a cualquier tipo de autoridad. Un reto constante hacia padres, profesores etc. Que va más allá de la contestación verbal o enfrentamiento de un “no quiero”, “no lo voy a hacer” a acciones de enfrentamiento directo, superando límites y normas socialmente establecidas que os comentaba en el párrafo anterior.

Algunos ejemplos de los que nos encontramos en terapia son:
– Subir por las mesas en clase frente al profesor.
– Inundar el cuarto de baño.
– Tirar yogures contra la pared.
– Pintar las paredes.
– Coger libros y destrozarlos.
– Salir a pasear y darle patadas a las plantas y romperlas
– Amenazar de muerte a la mascota de un amigo…
Es decir, una carencia de control mostrando sus conductas de modo externalizantes, es decir, tiende más hacia la acción externa que interna. Su comportamiento disruptivo se externaliza. Conducta explosiva que no es capaz de medir las consecuencias. Actúan sin pensar en lo que puede pasar, en la repercusión que su acción tiene. El primer concepto que han perdido o quizá nunca han tenido es el de toda acción tiene una respuesta.
Acción – Reacción.
Si yo juego con un niño será mi amigo, si yo pego a un niño no será mi amigo.
En estas situaciones es urgente establecer unos límites no puestos con anterioridad a la vez que mostrar refuerzo positivo y afectividad para con el niño.
Sabemos que existen en psicología ciertos trastorno como el Trastorno de Oposición Desafiantes que se basa en estos rasgo y el Trastorno de hiperactividad también comparte algunos. En ocasiones ambos se entremezclan. Sin embargo, no estamos aquí para etiquetar a ningún niño, ni que los padres o profesores estéis poniendo apellidos a vuestros pequeños. Si no para dar unas pautas para intentar mejorar la situación de estos pequeños.
Su llamada de atención es siempre a través del mal comportamiento y violencia verbal y destrucción.

Algunos de los síntomas destacados en el TOD:

  • Desobedece activamente a peticiones de adultos
  • Ira y resentimiento con lo demás.
  • Discute con adultos.
  • Culpa de sus errores a otros.
  • Se involucra constantemente en problemas en la escuela.
  • Tienen pocos amigos o los va perdiendo.
  • Pierde la paciencia.
  • Es vengativo y rencoroso.
  • Susceptible o se molesta con facilidad

El modo de relacionarse con su grupo de iguales y con adultos es a través de llamadas de atención por mal comportamiento. Existe una carencia evidente de habilidades sociales con lo que su modo de intentar conseguir las cosas y relacionarse es con estos comportamientos. Especialmente muestran estás actitudes ante figuras de autoridad como pueden ser los padres o el profesor del colegio. En ocasiones se acentúa más con un progenitor que con otro.

Es necesario una modificación de conducta severa al respecto y para ello es necesario un trabajo coordinado y de equipo en el que todos los miembros, especialmente la familia, y sería muy positivo el apoyo del colegio, actuando en la misma línea.

El establecimiento de normas y limites es fundamental. Se han carecido de ellas y cuando las ha habido, el incumplimiento no ha tenido consecuencias, con lo que para el menor ha sido un refuerzo positivo de “todo se admite”, así consigo lo que quiero.

Cuando se llega a esta situación suele ser porque el menor no es consciente de que su comportamiento tenga ninguna consecuencia, con lo que reitera su actitud.

En ocasiones, ante niños así, los progenitores se ven desbordado y se produce un alejamiento de los dos o uno de ellos hacia el menor, provocando un aislamiento y ruptura entre el vínculo madre-hijo o padre-hijo perjudicando más en su desarrollo y en las pautas adecuadas de comportamiento y relaciones.

Los embarazos complicados se han relacionado también con comportamientos posteriores de los menores. Por ejemplo, esta estudiado como al sufrir depresión materna existen más probabilidades de aparecer problemas externalizantes en preescolares y multiplica el riesgo de trastornos de conducta. También hay que destacar, que injustamente, los estudios se han centrado mucho más en la relación e influencia de la madre con el niño y no posibles trastornos del padre que pueden, y de hecho lo hacen, influenciar también en la actitud y comportamiento del menor.

Se pueden entremezclar los factores biológicos y psicosociales. Y cuando aparecen en preescolar la conducta agresiva está influenciada por factores individuales, familiares y ambientales.

Farmacología:

Existen estudios sobre los niveles de serotonina y de dopamina y noradrenalina en personas con mayores conductas agresivas, estando demostrado que los que tienden hacia la depresión tienen tanto serotonina como domamina y noradrenalina disminuidas y los que presentan actitud más impulsiva, agresiva tienen baja la serotonina mientras que la dopamina y noradrenalina están aumentadas.

En ocasiones si va único con TDHA se les trata con metilfenidato, en otras con inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina.

Dicho esto, personalmente considero que en la medida de lo posible hay que evitar intervenir con farmacología en niños muy pequeños, si bien, dependiendo de la situación se podrá valorar en colaboración con un especialista y siempre bajo prescripción médica si se considera que los fármaco pueden ayudar al bienestar y desarrollo del menor para su integración social normalizada.

Pautas de intervención familiar ante la agresividad en niños:

Es fundamental la intervención familiar. Ante un menor con un comportamiento agresivo, disruptivo, hiperactivo… La intervención de ambos progenitores es absolutamente primordial para el desarrollo del niño.

Si el colegio apoya la intervención mucho mejor, pero no siempre es fácil lograrlo y los padres son los que primeros y últimos responsables en la educación de su hijo y por tanto quienes deben marcar las pautas siendo referentes de autoridad.

Se aconseja que ambos progenitores acuerden las normas, límites y consecuencias para trabajar en la misma línea.

Importante trabajar ante la agresividad en niños:

  • Asociar normas a consecuencias. Las normas deben ser pocas, claras y adecuadas. Expresadas correctamente y comprendidas por el niño. Establece consecuencias que puedas cumplir con seguridad y sean lógicas para cada norma, bien sea positiva o negativa.
  • Limites pocos y coherentes sino no resultan efectivos. Los limites les ayudan a obtener seguridad, saber a lo que atenerse, aprender sobre la frustración, normas de convivencia y sociales etc.
  • No olvidar que eres un referente de autoridad, ser autoritario no es tener autoridad.
  • Actuar inmediatamente cuando sucede el hecho disruptivo. No tiempo después.
  • Mantener la calma. Procurando no gritarle o pegarle para no reforzar como adecuado su propio comportamiento. Somos un ejemplo. Perder el control resta autoridad.
  • Disciplinarlo en la constancia. Es decir, ante cada episodio agresivo o inadecuado, responder.
  • Enseñarle a pedir disculpas. Pedir perdón a quien corresponda.
  • Las normas deben ser también flexibles y adaptativas. Siempre puede haber circunstancia que requieran saltarse esas normas en un momento determinado y es importante tener esa flexibilidad.
  • Enseñarle alternativas. Cuando ha pasado la crisis hay que hablar con él para explicarle su comportamiento y que comprenda que hay alternativas distintas que favorecerán su bienestar y sus relaciones sociales.
  • Limitar los tiempo frente al televisor, tabletas etc. ya que además de alterar el sistema nervioso no siempre muestran ejemplos de relacionarse adecuados. Revisar lo que ven.
  • Recompensa. El buen comportamiento debe estar recompensado. Ofrecerle constantemente refuerzo positivo y no olvidar elogiarlo cuando lo merezca.
  • Actividad física. El ejercicio ayuda a relajarse.
  • Armonía familiar. Esta actúa como un factor protector y de sentimiento de seguridad. La armonía y conformidad de ambos progenitores en el modo de relacionarse, normas, límites, intervención etc. Es fundamental.
  • Otorgar responsabilidades acordes con su edad para que se pueda reforzar positivamente al cumplirlas y se sienta participe de la estructura familiar y con la confianza que requiere darle la responsabilidad de una actividad.

El objetivo es ir distanciando los episodios hostiles así como mejorando la resolución de sus propios conflictos bien sean internos bien sociales.

Ante casos así se aconseja pedir ayuda a un especialista que os dará las pautas y os apoyara en el desarrollo para poder trabajar tanto con los niños como con los padres. Los padres deberán  ir ejerciendo como figura de autoridad y referente. Mostrando los límites claros y las consecuencias. Marcando las líneas rojas infranqueables.

Así mismo habrá que potenciar la comunicación familiar para que todos reméis hacia la misma dirección.

Y nunca olvidaros de potenciar y desarrollar la afectividad con, el refuerzo positivo, halagos, cariño, expresión de emociones etc. Para que el niño siempre perciba que se le marcan limites porque hay unas normas establecidas, pero se le quiere, se le ayuda  y tiene actitudes muy positivas que son las que gustan y por eso se refuerzan. Son las que generan un feedback positivo.

 

Sabina Pera

Dtra a.p.e

apoyo psico emocional

Terapeuta Gestalt

Trabajadora social

www.terapia-familiar.es

www.todoape.es

sabina

Leave a Reply

Your email address will not be published.