MI EXPERIENCIA EN ADOPCIÓN - Terapia Familiar

MI EXPERIENCIA EN ADOPCIÓN

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MI EXPERIENCIA EN ADOPCIÓN

A mí no me gustan las “recetas milagrosas”, pero quiero transmitiros lo que me ayudó a superar una situación muy complicada por si os puede ser de utilidad.

Adoptar a mi hija es lo más importante y bonito que he hecho en mi vida, pero también creo que lo más complicado emocionalmente hablando.

Cuando te planteas adoptar, normalmente es porque antes has pasado por un proceso complicado y doloroso de intentos de embarazos fallidos, de visitas a médicos, etc. que han terminado por cansarte, agobiarte e incluso consumirte enormemente. En estos casos también la relación de pareja puede sufrir mucho porque es doloroso para los dos, no solo para la mujer, el hombre también lo sufre. Y es en estos momentos donde la pareja se tiene que hacer fuerte porque si no puede llegar a romperse. Es más, es aquí donde la unión se afianza y se hace más sólida. O por lo menos debería ser así. Esta es mi experiencia.

Empiezas por asumir que el embarazo no va a llegar. Ese es el primer paso, el más importante y doloroso. Después miras otras opciones y al final llegas a la conclusión de la adopción. Al principio, en el planteamiento parece fácil: contactar con la Comunidad de Madrid, unas entrevistas y esperar.

Pero la cosa no ha hecho más que empezar, lo que al principio parecía fácil, sencillo  y sin muchas complicaciones se vuelve complicado, retorcido y hasta, en nuestro caso un poco agresor.

Fuimos la primera charla en la Comunidad de Madrid donde se nos explicó todo el proceso. Nos dijeron que podíamos hacer el estudio psicosocial de dos maneras: por lo público, es decir, nos lo harían ellos, pero que duraría al menos 8 meses por acumulación de trabajo, o por lo privado, pagándolo. En ese caso teníamos que contactar con el Colegio de Psicólogos para que nos proporcionaran un listado con los profesionales que se encargan de estos estudios.  Nosotros cogimos la segunda opción ya que habíamos esperado demasiado y esperar más tiempo nos parecía agobiante.

Nos tocó un psicólogo meticuloso, que eso está bien, pero que tenía muchos prejuicios. Hablamos de todos los temas que se podían tocar. Fue muy desagradable y agresivo. En cuanto había un tema en el que él no estaba de acuerdo con nuestra manera de pensar, atacaba por ahí de una manera ofensiva y agresiva. Salí de la primera entrevista casi llorando y diciendo que no volvía, pero luego reflexioné y me di cuenta de que es una persona nada más, que realmente no me conocía en ningún aspecto y que él no era quién para juzgarme solo por estar hablando conmigo una hora. Era un impresentable. En la segunda entrevista estuvo más tranquilo y normal. En estos casos no hay que sentirse agredido, aunque es complicado, ya que la persona que tienes en frente está juzgando todo lo que dices y haces, y eso es incómodo. Pero realmente no conoce nada de ti. Es más, nadie puede juzgar a otro, nunca vas a conocer todos los aspectos de un caso concreto, sino una sola parte, la que quieran contarte. Aunque sea la verdad, siempre va a ser sesgada. Y mucho menos una persona que se acaba de sentar frente a ti por primera vez y por saber o intentar saber ciertas cosas de ti, se crea con el derecho de juzgarte.

Con la trabajadora social mucho mejor. Nos preguntó lo mismo pero de diferente manera sin ser agresiva. Al final nos dieron la idoneidad.

Presentamos los papeles para adopción internacional. Tuvimos también muchos problemas, entre ellos, nos perdieron los papeles en el país. La ECAI tuvo que volver a enviarlos y mientras pasaba todo esto, el país decidió retrasar las adopciones. Nos dijeron que los niños los entregaban muy poco a poco y que teníamos que tener paciencia. Así esperamos 3 años y medio, llenos de incertidumbre y a veces desesperación porque no nos llamaban. Esto nos desgastó mucho emocionalmente. Mientras, veíamos como amigos nuestros o conocidos se quedaban embarazados y lo pasábamos mal por pura envidia. ¿Por qué ellos sí y nosotros no? Veníamos de muchos años de espera porque no nos quedábamos embarazados y esta vía tampoco funcionaba. Y precisamente por la envidia que teníamos, además, nos sentíamos también muy mal.

El desgaste emocional fue mucho así, que empezamos a pensar en cambiar de país o dejarlo. Y fue entonces cuando abrieron adopción nacional y aprovechamos para presentar los papeles para probar esta vía. Nos dijeron que nos valía el estudio de internacional. Así que era mucho más fácil. Tuvimos una entrevista con una trabajadora social para ratificar todo lo que había en el estudio internacional. Y nos dijeron que tardaríamos un año aproximadamente.

Efectivamente en poco más de un año ya teníamos a nuestra hija. Llegó con 14 días. Era preciosa y muy chiquitita. En el hospital no había crecido nada, pero en cuanto nos la llevamos a casa empezó a crecer y a engordar.

Desde entonces nuestra vida cambió del todo. Pero no más que si fuera una hija biológica. La única diferencia es que esta última sabes más o menos cuando va a llegar. A una hija adoptada te la encuentras de un día para otro. No sé lo que se siente teniendo un hijo dentro de ti pero os aseguro que lo que siento por mi hija es, seguro, lo mismo que si la hubiera llevado yo dentro.

Mi hija me ha completado, he crecido como persona. He hecho cosas que creía no iba a ser capaz de hacer, todo por ella. Ahora entiendo en algunas cosas más a mi madre. Aunque no comparto su visión de las cosas en muchos temas.

Ahora la niña está feliz y contenta, aunque tiene muchos cambios de humor, está asumiendo el tema de su adopción y eso es muy complicado para ella. Hay que ponerse en sus zapatos y ver las cosas como ella las ve. Es pequeña pero no tonta y no puedes engañarla. Pero esto no solo le pasa a mi hija, sino a cualquier niño. A veces pensamos que por el hecho de ser todavía niños no se dan cuenta de ciertos detalles, o que no piensan las cosas y no es así. Ellos le dan muchas vueltas a las cosas, aunque no lo parezca, y hay que cuidar lo que ven u oyen, porque pueden interpretar las cosas de diferente manera que nosotros. Pero lo llevamos con mucho cariño, comprensión y mucha dosis de paciencia. Aunque tenemos que tener precaución en no caer en el chantaje emocional en el que a veces ella intenta meternos y seguir corrigiendo sus errores.

Del hecho de la adopción puedo decir que, todo el mundo nos dice lo generosos que hemos sido adoptando a una niña. Pero este proceso yo lo veo como algo que haces egoístamente. Me explico, cuando tú decides adoptar es por el tremendo deseo de ser madre o padre, no por ayudar a un niño que lo necesita. Eso viene después, se ve a posteriori. No es la prioridad. Esto te hace sentir algo contradictorio como es el sentirse egoísta. Pero al final es bueno para los dos, para el niño que adoptas y para ti por todo lo que te aporta. Esta visión no solo es mía, también la comparto con más padres adoptivos con lo que hemos hablado.

Este proceso, en el que el resultado ha merecido la pena, no ha sido un camino de rosas. Hay que tener mucha confianza en el proyecto y en uno mismo, creer en que lo que estás haciendo tiene un fin que es por lo que has luchado durante mucho tiempo y es lo que realmente quieres y ser muy constante en el empeño. A nosotros nos ayudó muchísimo el poder apoyarnos en uno en el otro.

  • Si uno estaba bien y el otro mal, tiraba del que estaba mal, o si los dos estábamos mal, el que estaba mejor tiraba del otro. Esto es fundamental. No hay que dejar a vuestra pareja de lado ni encerrarse en uno mismo. Estáis los dos en el mismo barco y si uno naufraga el otro también.
  • La comunicación es, yo diría, lo más importante.
  • También el apoyo de familiares y amigos. No os quedéis solos, no os aisléis.  Es cierto que todos no lo entenderán, pero apoyaos en los que estén ahí. Esos son los verdaderos amigos.
  • Además para nosotros fue importante el apoyarnos en nuestra fe. Apoyaos en todo lo que a vosotros os guste, os anime.
  • No pensar mucho en la situación y no darle muchas vueltas. La situación es la que es y hay que tener claro que vosotros no podéis hacer nada más. Ya son otros los que piensan y deciden; así que lo que toca es esperar, tener mucha paciencia y hacer mucha relajación.

Sé que todo lo que expongo aquí es muy fácil decirlo y difícil hacerlo, pero hay momentos en la vida en los que tienes que aceptar que no puedes hacer más de lo que has hecho ya y dejar que las cosas vayan a su sitio solas. Habrá otras ocasiones en que las cosas no salgan como hemos pensado, y no entenderemos que no salgan como queremos, pero yo pienso que todo tiene su por qué y su momento, y si algo no sucede es porque es mejor que no suceda. Una de las cosas que me ha enseñado la vida es que el tiempo todo lo pone en su sitio, y que con el tiempo terminamos entendiendo todo. Hace poco me dijo una persona que su truco para ser feliz era no esperar nada de nadie, cuando haces las cosas, hacerlas sin esperar nada a cambio. Yo creo que con todo es igual. Hay que poner los medios para que sucedan cosas, pero si por más que nos empeñemos lo que queremos no sucede o no llega, hay que saber encajarlo y pensar que es a la larga mejor para nosotros.

Con respecto a los hijos adoptivos, aparte de mucho cariño y todo lo que normalmente le daríamos a nuestro hijo natural, hay dos cosas fundamentales que no pueden faltar:

  • Lo más importante es que le digáis siempre la verdad respecto a su origen, teniendo siempre en cuenta su edad, claro está, pero es importante que ellos sepan que son adoptados. Es mejor que se lo digáis vosotros, que no que se enteren por otros.
  • Otra cosa fundamental y es que tengáis muchísima paciencia con ellos. Tienen épocas en las que están asumiendo su realidad y lo manifiestan de diferente forma, como por ejemplo mal comportamiento, nerviosismo, etc. En estos momentos hay que estar lo más tranquilos posible y no caer en el chantaje emocional en el que nos quieren meter a veces. A nosotros nos está funcionando muy bien el método del semáforo. Hemos fabricado un semáforo con cartulinas. Cuando se porta bien el semáforo está en verde, pero cuando el comportamiento empeora cambia a amarillo o a rojo, y ahí hay algún castigo como quedarse sin televisión, o sin chocolatina… en fin algo que a ellos les moleste.

Estas son unas pequeñas cosillas que a nosotros nos han ido bien. No pretendo dar lecciones a nadie de cómo hacer las cosas. Seguro que hay “recetas” mucho mejores que estas, pero he querido compartirlas con vosotros por si nuestra experiencia os sirve de algo.

Un abrazo y suerte

Una amiga

sabina

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