El paso de la universidad a la vida laboral.

El paso de la universidad a la vida laboral.

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Sencillas reflexiones para profesores, académicos, padres y madres, jóvenes…

UNIVERSIDADES….ANTE LA VIDA

Inteligencia emocional – Coaching – Habilidades sociales

Hoy, me permito comenzar el artículo desde lo personal.

Días atrás, me encontré (en las redes sociales, como sucede en este siglo) a un amigo de mi época universitaria. Tan solo 20 años atrás, en Trabajo Social, con ganas de cambiar el mundo y toda la vida por delante.

Como veis, incluso los que no hemos nacido en este siglo estamos enganchados a Facebook, Twitter, Whastapp, Linkedin…vivimos también devorados por los móviles y los ordenadores, creando –quizá, y solo quizá- realidades ficticias.

Aunque estoy tentada a ello,  hoy no voy a hablar de las nuevas tecnologías o redes sociales, sino de nuestra educación, nuestras universidades: de profesores, alumnos, padres y madres, sistema, formación.

Removida por la inquietante juventud.

Cuando con 18 años  decides seguir estudiando, se te abren varias posibilidades delante. Hoy optamos por la  vía de la Universidad.

¿Has elegido aquello que querías estudiar?

¿Han elegido tus  padres por ti?

¿Te ha elegido ella a ti por la nota obtenida en selectividad?

Puede ser que seas uno de esos padres o madres que está “aconsejando” a su hijo/a con que estudie una carrera que le asegure un supuesto puesto laboral, o de los que “aconsejas”: “como estudies bellas artes te vas de casa”, “que quieres, morirte de hambre haciendo teatro”, “que te crees, que salvar al mundo te va a dar de comer”.

Creerme. No lo juzgo. Todo es comprensible. Son tiempos difíciles. Y por supuesto sé que todo lo hacemos con la mejor intención para con nuestros hijos.

Nos pasamos la vida haciendo lo que creemos que debemos hacer, lo que nos dicen, lo que establecen las normas, la sociedad, la familia, la moral, la religión…. Y ¿nuestros deseos?

Posiblemente los dejamos abandonados demasiadas veces. Acaso no es importante vivir cumpliendo mis deseos. ¿No me llevará eso a ser más feliz? No debería ser el principal objetivo y por tanto desear, sentir, vibrar, actuar.

Pongamos el caso de que has elegido la carrera que te gusta. Pongamos mi propio caso.

Trabajadora Social con absoluta vocación. Deseosa de estudiar, de comerme el mundo, de cambiar la sociedad, de ayudar, de devorar la vida… pero…

¿La universidad me iba a enseñar eso?

Sería un extenso e interesante debate…con una sencilla conclusión:

La universidad me enseño cosas maravillosas, apasionantes, me enseñó a vivir, a conocer, a descubrir, a encontrarme y encontrar…y si, también aprendí.

Supuestamente aprendí sociología, medicina, psicología, trabajo social, derecho, estadística… ¿de verdad?

Lo cierto es que tuve unos profesores magníficos que dejaron huella, de los que aprendí y con los que compartí. Pero también es cierto que durante miles de horas estudie y escuche cosas absolutamente inútiles, que jamás me sirvieron para nada,  con profesores prepotentes y anticuados que no sabían más que mirarse a sí mismos.

Se olvidaron incluso de mirar a la Vida.

Trabajo con equipos de trabajadores sociales, de educadores, de psicólogos, sociólogos… seleccionamos a profesionales para diferentes puestos laborales, creamos, diseñamos y ejecutamos proyectos,… y veo día a día las carencias a las que todos, independiente de la universidad y estudios de los que procedan,  presentan. Me doy cuenta de que las cosas más básicas son las más necesarias y siguen sin ofrecerse en las universidades con lo que los jóvenes terminan sin ninguna de ellas aprendidas.

Si vemos los C.V que nos envían  personas universitarias asombra negativamente, si os cuento como se desenvuelven en las entrevistas, como se presentan, que capacidad de reacción tienen, como solucionan problemas, los informes que presentan…y un largo etc. nos damos cuenta que no es un problema de un solo joven, – no es culpa de ellos. Sino de que el sistema educativo desde primaria sigue sin trabajar ni dar importancia a los temas que realmente son imprescindibles.

Antes de que los académicos salten a mi cuello diré que por supuesto las materias y los conocimientos académicos son necesarios. Absolutamente imprescindibles.

Leer, estudiar y volver a leer, y volver a estudiar…así ha sido toda mi vida y seguirá siendo. Jamás hay que dejar de aprender. Pero sinceramente, ¿los temarios y contenidos tienen siempre sentido? ¿Y el modo de plantearlo? y ¿la forma de estudiarlo?

Lo primero que uno tiene que aprender es sobre sí mismo, sobre sus talentos, sus calidades, sus puntos fuertes y débiles, sobre técnicas de comunicación, como defender sus ideas y compartirlas, como poder trabajar en equipo y trabajar solo, como presentarse ante un directivo, ante un grupo, ante un paciente, ante un amigo. Pero por favor, si carecemos hasta de las habilidades sociales para comunicarnos con nuestra propia pareja.

En realidad estamos hablando de habilidades sociales, de coaching, de inteligencia emocional, de preparación laboral y curricular, de liderazgo, de emprendimiento…

No todos los jóvenes tienen la suerte de tener familias súper preparadas que les puedan dar una base asentada sobre estos conceptos, tampoco todos los jóvenes tiene la inquietud súper desarrollada como para aprenderlo todo por su cuenta. Por ello,

Como veríais si os digo que a partir de ahora:

  • Los alumnos tienen a un conferenciante en sus clases del que poder aprender, compartir, preguntar, tener de modelo…no un profesor sentado en una silla.
  • Si les enseñamos a como pueden ser escuchados y a escuchar al otro.
  • A hablar en público.
  • A gestionar situación de estrés y ansiedad con técnicas de relajación.
  • A elabora un C.V adecuado.
  • A desenvolverse en una entrevista de trabajo.
  • A comunicarse correctamente de forma no verbal.
  • A leer, comprender, debatir.
  • A creer en ellos mismos.
  • A quererse, valorarse y respetarse.
  • A saber que el mundo con ellos es distinto, por eso, son importante.

En realidad, solo pido que se les enseñe a vivir. La vida es algo maravillo, pero si no te dan las herramientas para desenvolverte en ella puede ser bastante complejo.

No queremos personas perfectas. Ni mucho menos iguales. Queremos que cada uno, cada cual, tenga su propia idiosincrasia, y desde ella crezca y se desarrolle.

Cuando estoy con los y las jóvenes en un aula, en una conferencia o en una sesión y conectas con ellos, y  les miras a los ojos y les ves. Les ves de verdad. En ese momento, descubres que cada uno de ellos puede ser maravilloso pero si no les dices como, no siempre encuentran el camino. Cuando les das las herramientas, crecen. Experimentar con teatro, con tonos de voz, con micrófonos en la mano, con el movimiento en un escenario, con conquistar al otro, con la seducción, con saber quién soy para poder ofrecerme, que puedo dar yo y que puedo recibir del otro, que necesito y que deseo….es un mundo apasionante que les hace ver la Vida en mayúsculas.

Cuando tu enseñas a un joven como realizar una entrevista de trabajo tiene el 80% de existo asegurado. Cuando tú le enseñas técnicas de relajación, respiración, concentración  o mindfulness para estudiar y antes de un examen, tiene el 80% de existo asegurado, entonces ¿porque no lo hacemos?

En realidad, es simplemente una cuestión de modificación de los parámetros establecidos.

Seguro que la mayoría de personas, profesionales, profesores, catedráticos, rectores, decanos. Están de acuerdo conmigo. Sin embargo, los cambios estructurales cuestan.

Así funcionan las sociedades. A nuestro ritmo.

Y si como joven, como padre o madre, o como profesor te paras a pensarlo y mejor aún, si te atreves a intentarlo, veras los resultados.

Ojala los equipos directivos de nuestras universidades, los académicos y profesores, los gobiernos… tomaran conciencia de esta realidad para que modificaran el sistema y estructura académica en pro de introducir nuevas materias y sesiones fundamentales e imprescindibles que lograrían jóvenes preparados realmente para la vida personal y profesional.

sabina

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